Ideología política
¿Existe una relación entre física y teoría política?
Sí, existe una relación profunda, aunque conviene distinguir dos niveles: La física como fuente de metáforas y modelos para pensar la política, y la física/matemática como herramienta formal para estudiar fenómenos colectivos.

Sí, existe una relación profunda, aunque conviene distinguir dos niveles:
La física como fuente de metáforas y modelos para pensar la política, y la física/matemática como herramienta formal para estudiar fenómenos colectivos.
Hobbes concebía al ser humano y al Estado casi mecánicamente: cuerpos en movimiento, fuerzas, choques, deseos y temores.
Más tarde surgieron conceptos políticos extraordinariamente parecidos a los físicos: equilibrio de poderes, fuerzas sociales, presión, tensión, estabilidad, inercia, revolución. No es casual que usemos ese lenguaje.
Pero durante el siglo XX la relación se volvió mucho más interesante.
La termodinámica, la teoría de sistemas, la cibernética, la teoría de redes y la física estadística permitieron estudiar sociedades formadas por enormes cantidades de individuos cuyas interacciones producen fenómenos colectivos que nadie planeó.
Aquí encontramos algo semejante a lo que ocurre en un gas: no necesitamos seguir cada molécula para encontrar temperatura o presión; del mismo modo, en ciertos problemas sociales podemos estudiar distribuciones, probabilidades, redes y comportamientos emergentes sin conocer cada decisión individual.
Hay modelos matemáticos de formación de opinión, polarización, propagación de rumores, cooperación, conflicto, segregación, movimientos de masas y elecciones.
Un ejemplo clásico son los modelos tipo Ising, originalmente utilizados para estudiar magnetismo: cada partícula puede adoptar uno de dos estados y tiende a verse influída por sus vecinas.
Cambiemos “espín arriba/abajo” por dos posiciones políticas y obtenemos una representación rudimentaria, pero reveladora, de cómo una población puede polarizarse.
Las transiciones de fase. El agua puede calentarse gradualmente y permanecer líquida hasta que, al alcanzar determinado punto, cambia cualitativamente.
En política ocurre algo parecido: durante años pueden acumularse descontento, desigualdad, pérdida de legitimidad o polarización sin que aparentemente suceda nada; después de superar cierto umbral, un incidente relativamente pequeño desencadena una revolución, una revuelta o un colapso institucional.
La causa inmediata no necesariamente explica el fenómeno: el sistema ya estaba cerca de un punto crítico.
Sin embargo, la física que mas nos acerca a los fenómenos políticos es la física del Caos, ya que estudia sistemas complejos y la sociedad quizás sea el sistema mas complejo que tengamos.
Prigogine, ofrece otra analogía poderosa.
Las sociedades son sistemas abiertos: reciben energía, información y recursos; producen instituciones y estructuras; pueden mantenerse durante largos periodos lejos del equilibrio.
Cuando las perturbaciones aumentan, pueden reorganizarse en una estructura diferente.
Esto nos permite pensar que las revoluciones no son simplemente destrucción sino pueden ser reorganizaciones de un sistema complejo, sobre todo cuando son revoluciones tecnológicas o industriales.
Hay, sin embargo, una diferencia fundamental.
Una molécula no tiene conciencia, valores ni intención política. Una persona sí.
Por eso una sociedad nunca puede reducirse completamente a física estadística.
En política aparecen significado, voluntad, moral, memoria histórica, símbolos y libertad; precisamente allí la filosofía y la teología vuelven a entrar en escena.