Sociedad
Lo que sí somos
Anlizabamos la historia con motivo del 12 de octubre día de la hispanidad y afirmábamos: “No somos descendientes de los Aztecas, sino de la fusión de dos razas” “No descendemos de los vencidos sino de los vencedores” “No somos un pueblo bastardo nacido de la violación del español sobre la indigenas” “Somos un pueblo nacido del deseo de libertad y progreso”

Anlizabamos la historia con motivo del 12 de octubre día de la hispanidad y afirmábamos:
“No somos descendientes de los Aztecas, sino de la fusión de dos razas”
“No descendemos de los vencidos sino de los vencedores”
“No somos un pueblo bastardo nacido de la violación del español sobre la indigenas”
“Somos un pueblo nacido del deseo de libertad y progreso”
Pero ahora sería interesante detenernos en pensar que espíritu animó la formación de esta nación y quizás la encontremos en las palabras que fray Bernabé de Quesada le dijo a su madre al venir a la nueva España a fundar el Hospital de la Limpia Concepción, conocido posteriormente como Hospital de San Juan de Dios, cuya construcción comenzó en 1682.
¿Porqué a la Nueva España?
-Porque ahí se forma la ciudad De Dios-
Fray Bernabé se refería a el libro de San Agustin de Hipona La ciudad de Dios, escrito: entre 413 y 426 D. C., aproximadamente integrada por 22 libros donde el tema central es el conflicto entre dos formas de entender la existencia humana: el amor a Dios y el amor desordenado a uno mismo.
La Ciudad de Dios
Se fundamenta en el amor a Dios. Busca la justicia y el bien eterno. Reconoce la humildad como virtud. Su destino definitivo es eterno.
La Ciudad Terrenal
Se fundamenta en el amor a uno mismo llevado hasta el desprecio de Dios. Tiende a buscar el poder, la gloria y los bienes temporales. Puede caer en la soberbia y la dominación. Su destino está ligado al orden temporal.
San Agustín no identifica simplemente la Ciudad de Dios con la Iglesia institucional ni a la Ciudad Terrenal con el Estado. Ambas ciudades están entremezcladas durante la historia y se distinguen, en última instancia, por aquello que sus miembros aman.
Hace una reflexión vigente hasta la fecha: “Sin justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?”
Un Estado puede conquistar enormes territorios, pero si no respeta la justicia, su grandeza resulta moralmente cuestionable.
San Agustín considera que los seres humanos buscan la felicidad, pero frecuentemente la confunden con la riqueza, el placer o el poder.
La paz verdadera no consiste solamente en la ausencia de guerras, sino en el orden justo de los amores y de las relaciones humanas.
Su célebre concepto de la paz como tranquilidad del orden, relaciona la justicia, la armonía social y la orientación moral de la persona.
El destino de una civilización depende, en parte, de aquello que sus integrantes consideran digno de ser amado.
Ese fue el espíritu en el que se fundó la Nueva España que diera origen al pueblo mexicano, un pueblo noble y grandioso bajo asedio constante.
El hospital dio servicio a los trabajadores mineros hasta que las hordas de Benito Juárez lo saquearon y cerraron tal como Mexico ha sido saqueado por liberales y marxistas después de la independencia.
Hoy el pensamiento de San Agustín sigue actual y resuena fuertemente su frase
¿Puede una civilización sobrevivir si conserva su poder material, pero pierde los principios morales que le dieron origen?