Ideología política
¿Porque los intelectuales odian el capitalismo?
El intelectual tiende a creer que una sociedad debería ordenar sus recompensas y prioridades según criterios racionales, culturales o morales; el capitalismo responde que serán millones de personas comunes, mediante sus decisiones cotidianas, quienes determinarán gran parte de esas prioridades.

Tengo dos buenos amigos David y Tony, David tiene dos maestrías, da clases en la universidad y escribe en un periódico digital, Tony paletas no terminó la secundaria y tiene, después de años de esfuerzo, una cadena de paleterías y neverías que le permiten tener un gran casa, un auto del año y tomar vacaciones en Europa.
David, izquierdoso empedernido, vive en un pequeño departamento rentado y seguido se ve en apuros económicos.
David odia a Tony sin que haya habido una ofensa y siempre lo atribuí a algo muy humano, la envidia, sin embargo, hay algo mas profundo que Bertrand de Jouvenel explica en un artículo “Los intelectuales europeos y el capitalismo”
La idea central de Jouvenel es muy interesante porque no se reduce a decir simplemente que los intelectuales sean socialistas por ignorancia o mala fe. Intenta explicar una incompatibilidad más profunda entre la mentalidad del intelectual y la lógica del mercado.
Para Jouvenel, el empresario tiene que aceptar una regla incómoda:
el consumidor decide.
Alguien puede fabricar algo bellísimo, técnicamente perfecto o culturalmente elevado, pero si nadie quiere comprarlo, fracasa.
El mercado no pregunta quién es más culto o quién tiene mejores intenciones; recompensa a quien consigue satisfacer una demanda.
El intelectual trabaja casi al revés. Su función tradicional consiste precisamente en decir:
la mayoría puede estar equivocada.
El crítico de arte, el filósofo, el escritor o el académico considera legítimo defender una obra aunque el público la rechace. Su prestigio procede, muchas veces, de elevarse por encima del gusto popular.
El mercado produce una jerarquía desconcertante para el intelectual.
Un comerciante sin gran formación académica puede hacerse rico porque encontró algo que millones de personas desean, mientras un filósofo brillante puede vivir modestamente.
El mercado está diciendo:
“Tu inteligencia, cultura o profundidad no determinan por sí solas cuánto vales económicamente.”
El intelectual observa al empresario buscando beneficio y concluye fácilmente:
“Está actuando por interés propio.”
Pero para obtener ese beneficio, normalmente debe convencer a otras personas de que compren voluntariamente aquello que ofrece, esto es, debe servir al prójimo con bienes de calidad a buen precio y podemos criticar al intelectual con sus mismos argumentos, el intelectual busca imponer sus ideas en beneficio propio, el empresario satisface un necesidad de la gente y la gente le corresponde.
Muchos escritores, filósofos, historiadores y artistas hablan extensamente del capitalismo sin conocer suficientemente cómo funcionan precios, inversión, capital, productividad, riesgo o competencia.
Ven directamente: el obrero pobre, el empresario rico, la fábrica desagradable, la desigualdad.
Pero los mecanismos indirectos del sistema son mucho menos visibles:
ahorro; inversión; maquinaria; productividad; reducción de precios; aumento del consumo.
Por ello es fácil atribuir al capitalismo males que en ocasiones son anteriores al propio capitalismo o que acompañan procesos de transformación económica y difícilmente aceptarán que la generación de riqueza en una sociedad, si bien hace mas rico al rico, también hace menos pobre al pobre y todos de diferente manera se benefician.
El intelectual tiende a creer que una sociedad debería ordenar sus recompensas y prioridades según criterios racionales, culturales o morales; el capitalismo responde que serán millones de personas comunes, mediante sus decisiones cotidianas, quienes determinarán gran parte de esas prioridades.