Ideología política

¿Porque los intelectuales odian el capitalismo? Parte 3

No decía simplemente cómo regular una fábrica o modificar un impuesto. Proponía organizar racionalmente el conjunto social. Esa ambición resulta especialmente atractiva para quien vive profesionalmente entre ideas abstractas.


Otra respuesta a esta pregunta  viene de Friedrich Hayek, con The Intellectuals and Socialism, publicado en 1949. 

Hayek introduce una idea diferente: el intelectual no tiene que ser un gran creador original de teoría. 


A los filósofos le agrega los periodistas, profesores, escritores, divulgadores y comentaristas: 

personas que actúan como intermediarios entre las ideas especializadas y la opinión pública. 


Los denomina, célebremente, una especie de “distribuidores de segunda mano de ideas”

Aparece el punto esencial de Hayek: estos intermediarios tienen muchísimo poder porque deciden qué ideas llegan al público y bajo qué marco conceptual.

Hayek piensa que el socialismo tuvo una enorme ventaja intelectual durante buena parte del siglo XX porque ofrecía una visión integral de la sociedad. 


No decía simplemente cómo regular una fábrica o modificar un impuesto. 

Proponía organizar racionalmente el conjunto social. 

Esa ambición resulta especialmente atractiva para quien vive profesionalmente entre ideas abstractas. 


El mercado, en cambio, ofrece una explicación mucho menos intuitiva:

nadie conoce el plan completo; nadie controla todo el sistema;
millones de decisiones dispersas se coordinan mediante precios;
y el orden aparece sin haber sido diseñado por una sola inteligencia.


Para Hayek, ahí está una de las dificultades fundamentales. 


El socialismo parece intelectualmente construible; el mercado parece intelectualmente desordenado.


Sin embargo, precisamente ésta era una de sus ideas centrales: ningún individuo posee el conocimiento suficiente para planificar una sociedad compleja.


Hayek añade además algo que me parece particularmente importante: las ideas abstractas de hoy pueden convertirse en las políticas públicas de mañana. 

Por eso consideraba equivocada la idea de que los intelectuales carecen de poder. 

Puede que tengan poca influencia inmediata sobre una elección concreta, pero a largo plazo ayudan a determinar qué ideas una sociedad considera siquiera posibles o legítimas.

Es por eso importante cuando se lucha ideológicamente contra el socialismo entender la fuerza de sus ideas que en el mundo abstracto prometen el nirvana pero al ponerlas en práctica te llevan al infierno

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