Ideología política

¿Porque los intelectuales odian el capitalismo? Segunda parte

El capitalismo crea a sus propios críticos y les proporciona educación, libertad y medios para criticarlo. Aquí Schumpeter es más sociológico que Jouvenel. Jouvenel observa una incompatibilidad de valores; Schumpeter describe un mecanismo histórico mediante el cual el sistema produce una clase social crítica de sí mismo.

¿Porque los intelectuales odian el capitalismo? Segunda parte

Hablábamos ayer de la teoría de Bertrand de Jouvenel que parte del choque entre dos sistemas de valoración. 

En el mercado, el empresario depende del consumidor: puede considerarse brillante, culto o moralmente superior, pero si nadie quiere lo que ofrece, fracasa. 

El intelectual, en cambio, está acostumbrado a pensar que existen criterios de verdad, belleza o calidad superiores al gusto de la mayoría. 

Por eso, el mercado puede parecerle casi ofensivo: entrega poder económico a personas que quizá no poseen prestigio cultural, mientras un gran escritor o profesor puede recibir recompensas mucho menores. 

Su crítica apunta al conflicto entre la jerarquía cultural y la jerarquía creada por las decisiones descentralizadas del mercado. 

El ensayo apareció en Capitalism and the Historians de 1954.

Hay una conexión fascinante, entre este ensayo de Jouvenel y otros tres textos que intentaron responder exactamente a la misma pregunta desde ángulos diferentes: Schumpeter, Hayek y Robert Nozick.

Joseph Schumpeter, en Capitalism, Socialism and Democracy de 1942, va mucho más lejos. 

Su paradoja es extraordinaria: el capitalismo no sería destruido principalmente por su fracaso, sino por su propio éxito. Produce riqueza, educación superior, expansión universitaria y una creciente clase de personas dedicadas a pensar, escribir, enseñar y criticar. 

Esa clase intelectual vive dentro de una sociedad que el propio capitalismo ha hecho posible, pero no necesariamente tiene responsabilidad directa sobre empresas, inversiones o resultados económicos. 

Por ello puede ejercer una crítica continua del sistema. 

Schumpeter veía además una progresiva burocratización de las grandes empresas, que podía debilitar la figura del empresario innovador y erosionar las instituciones y valores que sostenían al capitalismo.

Su tesis se puede condensar así:

el capitalismo crea a sus propios críticos y les proporciona educación, libertad y medios para criticarlo.

Aquí Schumpeter es más sociológico que Jouvenel. 

Jouvenel observa una incompatibilidad de valores; Schumpeter describe un mecanismo histórico mediante el cual el sistema produce una clase social crítica de sí mismo.

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